Desde mis aprendizajes religiosos, lo visto en películas, novelas y los intercambios sociales que tuve en el transcurso de mi niñez, adolescencia y parte de mi juventud, anclé la idea de que amar era sufrir por la persona amada. P ensaba que amar era dar sin esperar nada a cambio, pero la vida misma y mis experiencias me enseñaron otras cosas y por eso mi concepción fue modificándose, según lo que iba descubriendo y resignificando. Me dí cuenta que hay muchas otras formas de amar. El amor implica confianza, protección, respeto, comunicación, lealtad. Consiste en compartir todo aquello que quieras y puedas compartir, hacerlo con alegría de dar y apertura para recibir, respetando la integridad física, emocional y espiritual de la persona amada. Si esa confianza, protección, respeto, comunicación o lealtad se quiebran, es obvio que dolerá, pero es nuestra decisión si queremos o no sufrir por ello. Las mujeres hacemos una cantidad de cosas por amor a los demás y quizá muy pocas...
Soy una amante de la vida. Esta acción maravillosa de vivir me atrapa con sus pequeños y grandes detalles. Cuando entran en acción nuestros pensamientos, sentimientos y acciones recreamos y reinventamos nuestra vida. Y esas sensaciones y pensamientos generados en el día a día, viviendo cada instante, es lo que compartiré en este espacio.