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Mostrando las entradas de 2018

Decenas y miles de razones para sentirme feliz y plena

Celebrar el cumpleaños es un acto importante para la mayoría de las personas y hace unos días me preguntaba porque se vuelve importante contar los años, porque realmente es lo que hacemos, recordar la fecha en que nacimos y sumar un año más a nuestra cuenta de vida. Así que entré a revisar mi cuenta de vida y contabilizar cada depósito que he realizado pues son más que días y años sumados. Me llevó algunas noches la revisión con conciencia plena y honestidad conmigo misma. Aún no concluyo el balance pero mi cuenta lleva números interesantes y quiero compartirlos porque ahora son razones para celebrar mi vida: 14 mil 610 días respirando con dos pulmones sanos y todo un cuerpo funcionando en su mágica perfección. 40 años viviendo con un corazón que late fuerte manteniendo el vigor en mi interior; y late amoroso sintonizando con aquellas personas que me rodean con afecto. 5 sueños alcanzados con perseverancia, fe en mí y mucha pasión; que me tienen en el aquí y el ahora que dis...

Y había una vez yo, una mujer que...

… se enamoró y hacía realidad sus sueños Acaricié la edad tan esperada para una adolescente, los quince. No hubo fiesta, pero sí un vestido que yo escogí en estilo y color. Era largo, negro con blanco, escotado. Mi madre me llevó a un estudio fotográfico y así imprimir recuerdos para el futuro. Fotos que aún guardo con especial cariño por la total dedicación que puso mi madre. Como es de esperar, en todo cuento personal hay historias de enamoramiento. También me pasó. Me enamoré. De un chico cuatro años mayor que yo. No fue el famoso flechazo a primera vista. Fue un cupido a muchas vistas previas y un baile. Su ritmo me encantó. Yo una amante de la música y del baile, quedé fascinada de que alguien llenó mis expectativas bailando. Fuimos novios de dos meses y un beso en la boca. Me desilusionó y tuve que decir mi primer adiós, hasta aquí. Meses después otro enamoramiento. Porque negarse a sentirlo, si las mariposas en el estómago siempre agradan. Otro chico mayor que yo, e...

Y había una vez yo, una mujer que...

… amaba aprender cada día Teniendo cinco años le dije a mi mamá que quería recibir la Primera Comunión con Dios. Otro misterio que mi inmensa necesidad de conocer quería descubrir. Ella era parte de una comunidad catecumenal y crecí viendo todos esos ritos católicos. El sacerdote dijo que estaba muy pequeña, entonces yo le dije que podía demostrarle que no lo estaba, sí, atrevidamente lo reté. Fue una de mis primeras transgresiones a la norma, solicitar algo que tenía establecida una edad que yo aún no alcanzaba. Recibió mis constantes insistencias y como yo le había retado el me devolvió el reto proponiéndome que si aprendía el catecismo podía tener la Primera Comunión con Dios. Al final del año estaba lista. Pasé el examen y me vestí de blanco para descubrir ese misterio que creía mágico y desea conocer y experimentar con mi fe de niña de cinco años. Lo extraordinariamente mágico no llegó, pero lo especialmente espiritual me tocó. Empecé a estar en procesos de formación ...

Y había una vez yo, una mujer que…

… tuvo la bendición del nacimiento Decidí nacer el miércoles 12 de abril de 1978, con los frescos olores de la primavera y las ansias de conocer el mundo de afuera del útero calientito de mi madre Lesbia. Esa mujer a la que llamaba mamá, era decidida y con una mezcla extraña entre fuerte y tierna. Fue ella quien me llevó de la mano durante toda mi infancia. Mami era tan especial para mí que mi primer recuerdo de la infancia fue cuando estaba cumpliendo tres años y ella me puso un vestido azul de puntitos, con un chischil en el centro de la cintura. Me dio un abrazo, un beso y me mostró como podía hacer sonar el chischil. Mi mami no tenía mamá ni papá y cuando nací vivía con una familia que la había acogido apenas un año atrás. Esa también para mí era mi familia, fue así que tuve abuela, tías, primas y primos. Especialmente una tía que también es mi madrina,  a la que amo como una madre. También tenía papá, pero no estuvo a mi lado. Lo veía en ocasiones y cada uno de es...

Activando la ciudadanía desde la infancia

El año pasado mi hijo, teniendo 16 años de edad, gestionó su cédula de identidad. Cuando la tuvo en sus manos miré en su cara la expresión de una mezcla de emociones que seguro en ese momento no podía ocultar y saltaron a su bello rostro. Desde entonces me he preguntado que tan consciente somos de que la ciudadana se construye mucho antes de recibir ese plástico con nombre y número. Tuve la oportunidad de ser docente en tres ediciones del Diplomado Superior Comunicación y Derechos de la Niñez, impartido en la Universidad Centroamericana. En ese espacio surgieron muchos debates interesantes.  Recuerdo que en una de tantas sesiones construimos de manera conjunta el concepto de Ciudadanía que entre sus palabras claves tenía "participación". Y dialogamos un buen rato s i  las niñas y niños  eran ciudadanos y como se manifestaba su ciudadanía . Fue entonces que surgió de nuevo la palabra participación e hicieron énfasis de que esa ciudadanía se expresaba cuando  pa...

Sanar dentro para tener relaciones sanas

A lo largo de la vida, establecemos un sinnúmero de relaciones. Y para que todas estas relaciones sean sanas, primero debo sanar mi relación conmigo misma. Las prácticas de vida que hemos aprendido están centradas en lo que haces afuera, con las otras personas, pero en nuestra educación no se insiste en revisar lo que llevamos dentro. A quienes amo mucho les recalco constantemente que deben cuidar de lo que hay dentro y hacer que todo lo que salga sea bueno, bondadoso y productivo; después todo eso regresa duplicado y sientes que tus relaciones son satisfactorias. Pero para que eso sea posible es necesario revisar nuestro interior y sanarlo. Y por qué debo asumir que hay cosas por sanar dentro, en mi relación conmigo misma? Diría que la formación social que nos da el sistema nos lleva a asumir roles, ideas, sentimientos y prácticas que no nos permiten descubrir de verdad la mujer u hombre que soy, porque debo ser la mujer que las normas me imponen ser. Por tanto no puedo tener un...