Celebrar el cumpleaños es un acto importante para la mayoría de las personas y hace unos días me preguntaba porque se vuelve importante contar los años, porque realmente es lo que hacemos, recordar la fecha en que nacimos y sumar un año más a nuestra cuenta de vida. Así que entré a revisar mi cuenta de vida y contabilizar cada depósito que he realizado pues son más que días y años sumados.
Me llevó algunas noches la revisión con conciencia plena y honestidad conmigo misma. Aún no concluyo el balance pero mi cuenta lleva números interesantes y quiero compartirlos porque ahora son razones para celebrar mi vida:
14 mil 610 días respirando con dos pulmones sanos y todo un cuerpo funcionando en su mágica perfección.
40 años viviendo con un corazón que late fuerte manteniendo el vigor en mi interior; y late amoroso sintonizando con aquellas personas que me rodean con afecto.
5 sueños alcanzados con perseverancia, fe en mí y mucha pasión; que me tienen en el aquí y el ahora que disfruto.
15 mil sonrisas, algunas con carcajadas potentes aprendidas de mi madre. Es sólo un aproximado porque no recuerdo las que tuve antes de los tres años de edad.
5 equivocaciones que me condujeron a nuevas visiones y prácticas, después de limpiar las lágrimas y repasar la lección.
Un mil 500 veces bailé porque me dio la gana. Lo hice sola, con mis amigas y amigos, con los hombres de mi historia amorosa e incluso con recién conocidos que algunas veces no sabían llevar el ritmo.
4 ideas diarias producidas por mi cerebro para realizarlas en mis espacios profesionales, en mi camino de lucha social, en mi tiempo de familia, y hasta en los momentos de encuentro conmigo misma.
105 mil 193 horas de sueño que me hicieron recuperar fuerzas y en ocasiones olvidar las angustias y preocupaciones del día.
1 familia formada por lazos de sangre, extendida a decenas de personas por las cintas de amor, amistad y compañía de lucha que he tenido en el camino.
28 años de estudio en procesos de educación formal en los que aprendí por momentos algunas cosas para después borrarlas y dejar otras bien guardadas en el archivero mental que constantemente debo desempolvar.
207 meses y 11 días de maternidad consciente y por decisión propia, retándome cada día a repasar los límites de esa decisión amorosa y racional.
1 hijo con el que he tenido encuentros maravillosos y desencuentros aleccionadores, respaldando nuestra autonomía.
6 mil 660 abrazos recibidos y brindados. Sumé ambos porque para mí es igual de satisfactorio darlos y recibirlos.
2 premios de periodismo ganados en los únicos dos momentos de mi vida que participé en concursos profesionales.
2 mil 860 días de un nuevo despertar, de la oportunidad de continuar viva, de estar en lucha por el cambio de una situación injusta que nos expone a las mujeres a la muerte.
936 semanas de trabajo, haciendo lo que me gusta y disfruto, aplicando lo aprendido y reaprendiendo a diario. Desde que tenía 7 años de edad supe que este era mi camino profesional.
33 años descubriendo todas las conexiones espirituales que están en mí desde el día que nací por el magnifico misterio de la formación de la vida. Encontré algunas respuestas y sigo con miles de preguntas.
Mil orgasmos satisfactorios, puede que olvide algunos. Muchos disfrutados en los encuentros solicitarios con mi divino cuerpo.
8 mil 30 miradas en el espejo, de esas apasionadas que suelo darme todas las mañanas desde que cumplí los 18 años y me enamoré de mi misma.
Unos cuantos amores, pocos a decir verdad, posiblemente me basta una mano para contar. Me reservo la cantidad no por temor al que dirán, más bien es porque aún debo revisar cuáles quedan en la concepción de amor aprendida y si vale nombrarles amores; y quienes estarán en la cuenta del amor resignificado después del poderoso reencuentro con mi amor propio.
Me llevó algunas noches la revisión con conciencia plena y honestidad conmigo misma. Aún no concluyo el balance pero mi cuenta lleva números interesantes y quiero compartirlos porque ahora son razones para celebrar mi vida:
14 mil 610 días respirando con dos pulmones sanos y todo un cuerpo funcionando en su mágica perfección.
40 años viviendo con un corazón que late fuerte manteniendo el vigor en mi interior; y late amoroso sintonizando con aquellas personas que me rodean con afecto.
5 sueños alcanzados con perseverancia, fe en mí y mucha pasión; que me tienen en el aquí y el ahora que disfruto.
15 mil sonrisas, algunas con carcajadas potentes aprendidas de mi madre. Es sólo un aproximado porque no recuerdo las que tuve antes de los tres años de edad.
5 equivocaciones que me condujeron a nuevas visiones y prácticas, después de limpiar las lágrimas y repasar la lección.
Un mil 500 veces bailé porque me dio la gana. Lo hice sola, con mis amigas y amigos, con los hombres de mi historia amorosa e incluso con recién conocidos que algunas veces no sabían llevar el ritmo.
4 ideas diarias producidas por mi cerebro para realizarlas en mis espacios profesionales, en mi camino de lucha social, en mi tiempo de familia, y hasta en los momentos de encuentro conmigo misma.
105 mil 193 horas de sueño que me hicieron recuperar fuerzas y en ocasiones olvidar las angustias y preocupaciones del día.
1 familia formada por lazos de sangre, extendida a decenas de personas por las cintas de amor, amistad y compañía de lucha que he tenido en el camino.
28 años de estudio en procesos de educación formal en los que aprendí por momentos algunas cosas para después borrarlas y dejar otras bien guardadas en el archivero mental que constantemente debo desempolvar.
207 meses y 11 días de maternidad consciente y por decisión propia, retándome cada día a repasar los límites de esa decisión amorosa y racional.
1 hijo con el que he tenido encuentros maravillosos y desencuentros aleccionadores, respaldando nuestra autonomía.
6 mil 660 abrazos recibidos y brindados. Sumé ambos porque para mí es igual de satisfactorio darlos y recibirlos.
2 premios de periodismo ganados en los únicos dos momentos de mi vida que participé en concursos profesionales.
2 mil 860 días de un nuevo despertar, de la oportunidad de continuar viva, de estar en lucha por el cambio de una situación injusta que nos expone a las mujeres a la muerte.
936 semanas de trabajo, haciendo lo que me gusta y disfruto, aplicando lo aprendido y reaprendiendo a diario. Desde que tenía 7 años de edad supe que este era mi camino profesional.
33 años descubriendo todas las conexiones espirituales que están en mí desde el día que nací por el magnifico misterio de la formación de la vida. Encontré algunas respuestas y sigo con miles de preguntas.
Mil orgasmos satisfactorios, puede que olvide algunos. Muchos disfrutados en los encuentros solicitarios con mi divino cuerpo.
8 mil 30 miradas en el espejo, de esas apasionadas que suelo darme todas las mañanas desde que cumplí los 18 años y me enamoré de mi misma.
Unos cuantos amores, pocos a decir verdad, posiblemente me basta una mano para contar. Me reservo la cantidad no por temor al que dirán, más bien es porque aún debo revisar cuáles quedan en la concepción de amor aprendida y si vale nombrarles amores; y quienes estarán en la cuenta del amor resignificado después del poderoso reencuentro con mi amor propio.
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