Escribo a propósito de que hoy celebramos el día de las madres. Y pondré especial atención a la salud mental y emocional de las mujeres que tenemos el rol de ser madres.
Una de mis mejores amiga me recomendó una película. Como era fin de semana esa misma tarde aproveché para sentarme en el sofá y ver "No Estoy Loca", una producción del director Nicolás López. Carolina, su protagonista, tiene una "vida perfecta" hasta que descubre que no puede tener hijos y justo ese mismo día su esposo le confiesa que embarazó a su mejor amiga y que el matrimonio termina. Esto la destroza emocionalmente y termina siendo internada en una clínica psiquiátrica.
Empecé a disfrutar la película a partir de su ingreso a la clínica porque además de provocarme muchas risas, como una buena comedia que es, también me conectó conmigo misma, con ese desgaste mental y emocional que en diversos momentos me ha tocado vivir como mujer y también como madre.
Sí, Estoy Loca
Cada vez que Carolina se presentaba ante el Comité de Médicos decía: yo no estoy loca, no necesito estar aquí; pero los especialistas consideraban que aún debía seguir en tratamiento. A veces sólo cuando tocamos fondo nos damos cuenta que necesitamos sanar heridas, y aunque insistamos en que "no pasa nada, que no estamos locas", por experiencia propia se que el mejor camino lo tomamos cuando vemos las heridas y decimos "sí, estoy loca", por no darme el tiempo para sanar, así que es ahora cuando lo hago, el reconocimiento es mi primer paso.
Y mientras pasaban los días fue realizando su viaje emocional y en ese proceso conoce a un par de "locas" que sin ser especialistas de la salud mental le ayudan en su proceso de sanación y reencuentro de su camino. Y vi en Carolina y sus dos amigas "locas", a tres personas igual de locas que ellas; mis dos amigas y yo. Nos hemos acompañado con sonrisas y lágrimas, hemos aprendido juntas, hemos mirado nuestras heridas con bondad y apoyo emocional, hemos sanado juntas, cada una en su tiempo. La sororidad sí es real y también ayuda a sanar, aunque nos digan "locas".
Comparto con Carolina esa experiencia profunda que se vive con el viaje emocional que nos atrevemos hacer, aún con todo el dolor que podamos sentir en el momento. Ese viaje interno en el que he aprendido a cuestionar las imposiciones sociales, a comenzar de cero si es necesario hacerlo, a reinventarme a mi misma en mis prácticas, ideas y actitudes. Y después de mi primer viaje emocional he dicho: "Sí, estoy loca", por transgredir lo que no me dejaba crecer, por tomar mis propias decisiones.
Empecé abordando este paso del reconocimiento porque las personas que asumimos el rol de la maternidad somos mujeres que muchas veces llevamos afectaciones en nuestra salud mental y emocional. Y es muy común que exijamos mucho de las madres olvidando que hay quiebres emocionales que pueden acrecentarse. Quizá una de las mejores formas de felicitar a las madres sea reconocer con sororidad sus procesos personales de sanación. Un regalo ideal sería no juzgar y disponernos a acompañarles en sus procesos.
Sí, Decidí Ser Madre
Una de las cosas que Carolina descubrió en su viaje emocional es que no quería ser madre, no era realmente su deseo, lo había asumido como muchas otras mujeres por imposición social, pues de un matrimonio se espera una familia con hijos. Era también lo que su mamá había trasladado en ella con tanta insistencia que cuando supo de su imposibilidad biológica para tener hijos se sintió inútil, había aprendido que su utilidad estaba en su capacidad o no de reproducción.
Comparto con Carolina ese desgaste que vivimos las mujeres por cumplir con lo que se espera de nosotras. Sí, decidí ser madre por deseo propio. Nueve años después de ser mamá por primera vez, viví la experiencia dolorosa de demandar la interrupción de un embarazo inviable ante un contexto legal que me lo impedía. Y empecé a luchar por el derecho a la interrupción del embarazo por causas de salud, porque no quería que otra mujer pasara la misma tortura física y emocional que me tocó vivir.
Muchas personas no comprendían mi lucha, sobre todo porque ya era mamá. Lo difícil era comprender que estuviera en contra un mandato social asumido como mandato natural. Quienes me apoyaron en esta lucha fueron las personas capaces de ser sororas conmigo, con mi historia; personas que tienen claridad de que la maternidad no debe ir contra la vida de las mismas mujeres.
Hace dos años tuve la oportunidad de volver a dar vida. Me dio mucha ilusión ser madre por segunda vez y hacerlo teniendo más información, conocimiento y experiencia. Y es que ser madre debe ser una decisión personal y consciente de cada mujer. Ninguna persona o ley debe obligarte a serlo y tampoco debe impedírtelo si es tu decisión.
Sí, celebro la maternidad
Ser feminista no me impide celebrar la maternidad porque reconozco la autonomía de las mujeres que decidimos serlo y también me solidarizo con aquellas que lo fueron guiadas por el mandato social. Visibilizo a esas mujeres, no las juzgo porque son víctimas del sistema. Reconozco que la responsabilidad de que estas mujeres tengan oportunidad de mejorar su salud emocional y mental es de toda la sociedad, las instituciones que deben asegurar programas de respaldo y apoyo, los padres que deben asumir con responsabilidad su rol, las familias que deben ser co-responsables.
Y mientras llegamos al ideal de que las personas asuman por decisión propia la maternidad, vamos a empezar por celebrar con sororidad las maternidades que tenemos en nuestras familias. Seamos co-responsables, acompañemos, hagamos sororidad; es lo que asumiré con las mujeres cercanas y con toda aquella que me busque o que encuentre en el camino.
Hoy día de las madres en España, celebro con este reconocimiento y compromiso, celebro escribiendo, celebro junto a mis dos hijos.
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