Estoy de aniversario, celebro seis años de una nueva temporada de mi serie favorita, mi vida. Empecé un 19 de mayo después de recorrer más de 8 mil kilómetros cargando maletas con algunas de mis pertenencias y un par de sueños, el de mi hijo Yael Alejandro y el mío. Llegué a un país que no había visitado antes. En la temporada anterior, gracias a mi ejercicio profesional estuve en varios países de mi hermoso continente América, visité algunos pequeños rincones por placer. En esta ocasión mi destino no era por razones profesionales ni vacaciones, el motivo de mi viaje fue un nuevo punto de partida, un nuevo inicio, un nuevo resurgir.
Un supuesto básico de éxito para una serie es que apunte al corazón y la nueva temporada de mi vida movió todo en el exterior y mucho más en mi interior, en las hondonadas más profundas de mi corazón. Se resignificaron mis pensamientos, mis perspectivas y mis emociones. Lo esencial de mi historia en esta temporada va en capítulos de un año, en lugar de una hora como lo sería en la ficción.
Los primeros dos capítulos los titulé "Sobrevivir", era lo que correspondía en ese momento. Sobrevivir a los cambios, al desarraigo, a la sensación de pérdida y fracaso, al desempleo, a la discriminación, a las diversas emociones contradictorias y fuertes que te pueden atrapar y dejar en una habitación oscura sin oxigeno o te pueden dar el impulso para seguir y encontrar tu nuevo camino. En esa primera entrega hubo drama, una dosis mayor que en las temporadas anteriores, y concluyó con una dosis adecuada de esperanza. Lo mejor fue que me convertí en un personaje atractivo, otro supuesto clave para el éxito de una serie. Me vi a mi misma por dentro y por fuera, con ojos de espectadora y de protagonista consciente.
Los siguientes dos capítulos los titulé "De vuelta a casa", sobrevivir fue valiente y más heroico sería volver a casa. Y ese regreso mostró la unión íntima entre mi pasado, reseñado en las temporadas anteriores, y mi nuevo contexto que tejieron una trama interesante, la cual merecía seguir siendo escrita y protagonizada por mí, fue lo que decidí como espectadora número uno de la serie. Estas entregas tuvieron el clásico pase del drama a la trasformación de las circunstancias gracias a las acciones desarrolladas por la protagonista que muestran el empoderamiento gradual que puede vivir una mujer y consigue sin duda la empatía y la conexión con muchas otras que se sienten identificadas.
Lo más atractivo fue que la vuelta a casa no se desarrolló como la típica trama de volver a un país, una ciudad, una casa o un espacio específico. La historia fue de volver a sí misma, recuperarse a ella misma, reencontrarse con su historia, con su esencia y verse en el ahora igual que antes y a la vez diferente. En síntesis es un despertar de identidad, de conciencia y de sueños. "Desperté con una paz tan profunda que me sentía etérea. Volví. Y me vi más hermosa en el espejo. Volví con mi fuerza de guerrera. Volví a ser tan alegre, tan tranquila, tan libre, tan completa, tan viva, tan yo", son versos que reflejan la esencia de la historia en esos dos años.
Los últimos dos capítulos los concluí en este día y aún no decido el título. Tienen una mezcla de emociones intensas, resoluciones a tramas de capítulos anteriores y decisiones cruciales para la continuidad de la historia. Me siento satisfecha de mis aprendizajes, de mis experiencias. de mi crecimiento y de cómo he escrito mi historia hasta ahora. Es posible que surjan giros que ni yo, que soy la escritora, conozco de momento. Es lo bonito de la vida, te hace escribir día a día. No te prohíbe soñar todo lo que tú mismo te permitas, sólo te recuerda que no puedes escribir saltándote el renglón.
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